By Myrna Camacho
Hay lugares que no necesitan gritar para llamar la atención y Santé es uno de ellos que con solo un susurro te invita a adentrarte.
El nuevo espacio oculto en el nivel intermedio de Tres Marías, poco a poco se está convirtiendo en uno de esos secretos a voces de San Miguel
Desde que llegas, las luces bajas, los tonos rojizos, los reflejos en los techos de latón con espejo y las estrellas artesanales suspendidas sobre el lugar te hacen sentir en una mezcla entre un cabaret parisino y una noche nostálgica de los ochentas y noventas… pero en San Miguel.

Y eso se agradece.
Porque Santé no intenta ser un antro.
Tampoco pretende ser un bar silencioso.
Es más bien ese punto medio perfecto para quienes todavía aman salir, cantar, brindar, escuchar música en vivo y quedarse “solo un ratito”… que termina convirtiéndose en toda la noche.
El nombre lo dice todo: Santé.
Que en francés significa “salud”, como cuando levantas una copa para brindar. Cheers.
Y justo esa es la energía del lugar.

Aquí la música en vivo es protagonista.
Jueves y viernes el escenario se llena con bandas en vivo que mezclan clásicos en español e inglés, mientras que los sábados la energía sube todavía más con un formato musical más grande, pensado para cantar, brindar y terminar la noche entre amigos. Desde canciones con las que todos crecimos escuchando hasta esos hits que inevitablemente hacen que toda la mesa termine coreando.
Además, tienen pantallas enormes perfectas para ver partidos y ahora que se acerca el Mundial, definitivamente se va a convertir en uno de esos spots favoritos para reunirse.
Otro detalle que honestamente amé: son pet-friendly.
Ayer Mango estuvo feliz en la inauguración saludando gente como si fuera parte del staff.

Y hablando del staff… algo que realmente cambia la experiencia aquí es la atención. Todo el equipo tiene esa calidez rara y bonita de encontrar que hace que quieras que la noche no se termine. No se siente pretencioso. Se siente cercano.
Creo que eso es lo más interesante de Santé:
logra sentirse elegante sin ser incómodo, divertido sin caer en lo excesivo y nostálgico sin verse viejo.
Un lugar para los que todavía disfrutamos una buena canción en vivo, una conversación larga, pedir “otra más” y volver a casa con la sensación de haber tenido una muy buena noche.