Hace unos días, Ángel Pacheco, gerente de Omún, nos invitó a vivir la experiencia completa de este increíble lugar escondido entre viñedos y naturaleza, a tan solo 30 minutos de San Miguel de Allende.
Más de 400 hectáreas rodeadas de viñedos, lavanda, olivos y cielos infinitos. Un lugar pensado para desconectarte del ruido… y reconectar contigo.

Desde que llegamos, Ángel y todo su equipo nos recibieron con una hospitalidad impecable. Toallitas frescas con lavanda después del caluroso camino nos refrescaron, una cálida bienvenida y esa sensación de saber que alguien realmente cuidó cada detalle antes de tu llegada.
Después nos llevaron a nuestra Tent. Son únicamente 15 tents estilo safari, inspiradas en esa sensación de estar lejos de todo, como en África, pero con el diseño, sofisticación y confort de un hotel de lujo. Todas cuentan con jacuzzi privado, terraza y vistas increíbles hacia los viñedos y la naturaleza. Hay tents ideales para parejas y otras diseñadas para compartir entre amigos o familia.

Y sí… Mango obvio fue el más feliz de todos. Desde que llegamos ya lo estaban esperando con un huesito y muchísimo cariño. La verdad, disfrutó cada segundo de la experiencia.
Esa primera tarde el cielo estaba espectacular. Aunque nos tocó un fin de semana nublado y con lluvia ligera, honestamente hizo todo todavía más mágico. El jacuzzi ya estaba caliente, el aire olía a tierra mojada y enfrente de nosotros se extendían los viñedos.
Por la noche fuimos a cenar al restaurante y la experiencia fue increíble. Fernando Pindter en la cocina y Lulu en mixología nos sorprendieron de principio a fin. Empezamos con una ensalada de betabel deliciosa, después un róbalo perfectamente preparado y una lasaña de pato espectacular. Y para cerrar, una pannacotta de maracuyá en la que todavía sigo pensando.
Cuando regresamos a nuestra Tent, el espacio ya había cambiado por completo. Las lonas cerradas creaban una atmósfera mucho más íntima y acogedora, perfecta para descansar, desconectarte del mundo y simplemente disfrutar el silencio de la noche. La cama lista, las luces bajas y lavanda sobre la almohada… uno de esos pequeños detalles que hacen toda la diferencia.


Al día siguiente amanecimos rodeados de colores increíbles y con vista directa al viñedo. Y entonces llegó uno de mis momentos favoritos: el Floating Breakfast. Una bandeja flotando sobre el jacuzzi con café, jugo verde, fruta, yogurt y granola. Desayunar así, en silencio, rodeada de naturaleza… simplemente delicioso.
Después caminamos entre los viñedos hacia el restaurante para desayunar unos chilaquiles con chamorro y un omelette de huitlacoche espectaculares. Todo en Omún tiene ese balance entre comfort food y cocina bien pensada, elegante pero sin pretensión.
Más tarde, Ángel nos mostró parte de lo nuevo que viene para Omún: un spa de piedra que se ve impresionante y un futuro campo de golf de 18 hoyos que definitivamente va a transformar todavía más este destino.
También conocimos una de las tents para cuatro personas. El diseño cambia sutilmente para adaptarse a viajes entre amigos o familia, manteniendo esa misma sensación de privacidad, confort y conexión con el paisaje.
Pasamos la tarde en la alberca y el bar disfrutando el paisaje, los cocteles y el ritmo lento del lugar. Y otra vez… Mango acompañándonos feliz a todos lados.
A la hora de comida nos prepararon una ensalada de berries, salmón con verduras y uno de mis favoritos del viaje: un pan de elote con crema de coco que estaba espectacular.
Y justo cuando creíamos que el día no podía ponerse mejor… llegó la fogata. En medio del viñedo prepararon un fogón rodeado de sillones, vino y una tabla de quesos increíble. Vimos cómo el sol desaparecía poco a poco mientras se escuchaban los pájaros y el sonido del viento entre las vides. De esos momentos que genuinamente se quedan contigo.

Cuando regresamos a nuestra Tent todavía nos esperaba una última sorpresa: Movie Night. La pantalla lista, el ambiente perfecto y esa sensación de estar completamente desconectados del mundo, pero rodeados de comodidad y naturaleza. Honestamente… fue la manera perfecta de cerrar el día.
El domingo despertamos relajados, desayunamos unas enmoladas deliciosas y nos despedimos de Omún sintiéndonos renovados. Como si durante un fin de semana hubiéramos bajado el volumen del mundo por completo.
Y eso es exactamente lo que hace especial a este lugar. Aquí puedes hacer de todo o absolutamente nada. Bicicletas, wine experiences, fogatas, day pass, mixología, spa, gastronomía, yoga… incluso volar en globo. Todo depende del tipo de viajero que quieras ser.
Puedes venir solamente al restaurante y dejarte sorprender por el plato del día… o vivir la experiencia completa.
Porque Omún no es solo un hotel. Es una pausa linda entre viñedos, naturaleza y silencio.
Visita Omún at: